No debe existir mayor sueño para un arqueólogo que el descubrir un fabuloso tesoro. Y si este tesoro además permite arrojar luz sobre aspectos desconocidos del pasado remoto, mejor aún.
La imaginación popular nos lleva a pensar que, al hablar de un descubrimiento arqueológico, imaginemos una gran excavación, en un lugar apartado, inhóspito. Bien, eso no fue lo que pasó en 1982, ya que este descubrimiento no fue en tierra, sino bajo el mar: El Pecio de Uluburun.
Ese año, un pescador de esponjas que realizaba su actividad en la costa sur de Turquía, descubrió los restos de un antiguo naufragio. Durante numerosas campañas, desde su hallazgo hasta 1994, los arqueólogos se encontraron con el naufragio de un barco mercante sirio o cananeo que aportó un gran conocimiento sobre el comercio en el Mediterráneo Oriental durante la Antigüedad.
Datado aproximadamente en el 1300 a.C., este barco mercante tenía unos 15 metros de largo y se estima su capacidad de carga en 20 toneladas. Según los arqueólogos, su tamaño indica que la embarcación realizaba travesías de cabotaje. Este tipo de viaje era común en esta época debido a la piratería existente en el Mediterráneo Oriental, obligándolos a viajar de puerto en puerto, siendo las islas de Chipre y Creta puertos de abastecimiento.

Las investigaciones sugieren que el barco navegó desde algún puerto de Siria o Fenicia hasta la Isla de Chipre, abasteciéndose de productos y dirigiéndose a las costas de Turquía, con el objeto de llegar a Micenas o las islas del Mar Egeo.

Para afirmar esto, los arqueólogos analizaron durante muchos años los distintos restos arqueológicos encontrados en el área, que mostraron que hacia el año 1000 antes de Cristo, existía un enorme comercio internacional que comunicaba puertos del Mediterráneo muy lejanos entre sí.

Entre los artículos encontrados, pueden destacarse ébano egipcio, marfil de elefantes e hipopótamos, vidrio azul, ámbar, oro y resina de terebinto cananeo (utilizado como resina aromática). Y entre los artículos manufacturados, se destacan vasos de marfil, joyas de oro y plata y lo que más nos interesa a nivel numismático: lingotes con forma de cobre de buey.
Riqueza pre-monetaria: Los lingotes «piel de buey» de cobre
Antes del surgimiento de la producción monetaria en Asia Menor (aproximadamente el territorio que comprende la actual Turquía), se desarrolló en la región del Mediterráneo toda una producción de distintos metales destinados al intercambio, pago de tributos y almacenamiento. Muchos de ellos producidos como lingotes, con forma y peso uniforme.

Entre los muchos tipos de lingotes producidos en la región, cabe destacar los de cuatro asas conocidos como «Piel de Buey». Aproximadamente en el 1300 a.C. (coincidiendo con el inicio del período histórico-cultural conocido como Edad del Bronce Final, 1300 a.C. – 700 a.C.) este tipo de lingote comenzó a difundirse en toda la región.
Justamente éste fue el encontrado en mayor cantidad en el Pecio de Uluburun. En el naufragio se hallaron 357 piezas, que se caracterizan por poseer similitudes en la forma, tamaño y peso: aproximadamente 24 kg; una dimensión de 45 x 33 x 5 cm, con protuberancias en cada extremo que facilitaban su transporte.
Estudios posteriores dieron un dato fundamental que nos permiten entender su función dineraria: estaban diseñados para ser rotos fácilmente en trozos más pequeños con un simple golpe de martillo. Esto facilitaba su uso como medio de pago en las transacciones comerciales de los mercaderes en el Mediterráneo. Prueba de esto son los 19 fragmentos de 1 kg. de peso de lingotes «piel de buey», hallados en la cabina de otro barco naufragado, el pecio de Cabo Gelidonya (1200 a.C.)., lo que apoya la idea de su uso como medio de pago.

La forma de los lingotes no solamente obedece a cuestiones prácticas vinculadas a su traslado. Al respecto, Maier Allende (2003) relacionó su forma con la adoración del Dios de la tormenta, una deidad de la región del Levante asociada a la protección de la minería y la metalurgia, especialmente en la Isla de Chipre.
La producción de cobre en Chipre
La posición estratégica de Chipre en el Mediterráneo oriental no solo le permitió ser un punto intermedio entre las distintas rutas marítimas de la región, sino que además, favoreció a que sea el principal abastecedor de cobre de las civilizaciones antiguas.

Los primeros en aprovechar el cobre chipriota fueron los miembros de la cultura micénica, quienes en su expansión marítima dominaron la producción de la isla. A ellos le sucedieron los egipcios y luego los hititas, quienes aprovecharon la riqueza metalífera de Chipre.
Cada uno de estos pueblos le dio a la isla un nombre diferente, y cuando ya hacía más de 1.300 años que el territorio producía cobre, los romanos le dieron su nombre definitivo: Chipre, proveniente del término latino Cyprium, que significa cobre (que a su vez terminó derivando en el vocablo Cuprum). Es decir, los romanos terminaron identificando la isla con lo que era su producción más valiosa.
Los 5 mils que rinden homenaje al pasado glorioso de Chipre
A fines del siglo XIX, la Isla de Chipre pasó bajo dominación británica, adoptando la libra como sistema monetario. En 1955, dividieron la libra en 1000 mils, acuñándose monedas de baja denominación con valores de 3, 5, 25, 50 y 100 mils.
Es justamente la pieza de 5 mils la que recuerda la importancia de producción de cobre de la isla en su anverso, retratando un hombre (cuyo diseño recuerda a las pinturas antiguas) que sostiene un lingote de piel de buey. Cabe aclarar que la pieza de 100 mils tiene un reverso relacionado: una embarcación antigua (este diseño se ha repetido en acuñaciones en años posteriores, en distintos valores).


Chipre bajo administración británica. 5 mils.
Anverso: Busto coronado de Elizabeth II a la derecha. Leyenda: QUEEN ELIZABETH THE SECOND (no ilustrado)
Reverso: Hombre (representado como los frescos de la culturas antiguas orientales) con falda, sosteniendo lingote de cobre «Piel de Buey». En campo derecho, «5». Leyenda: GOVERNMENT OF CYPRUS/FIVE MILS/1955
Bronce, 5,5 grs.; 25 mm.
KM: #34
Bibliografía:
Avilova, L. y Terejova, N. Lingotes normalizados de metal en el Próximo Oriente, desde el Eneolítico a la Edad de Bronce. Aula Orientalis 25, 2007
Maier Allende, J. (2006). El lingote en rama chipriota o de piel de toro: símbolo divino de la antigua iberia. Disponible en https://www.cervantesvirtual.com/obra/el-lingote-en-rama-chipriota-o-de-piel-de-toro-smbolo-divino-de-la-antigua-iberia-0/









