Me gusta el papel. Su textura, su olor. El hecho de como la tinta dibuja en él trazos que se transforman en ideas. Su portabilidad. Pero también la pantalla (y como nexo, el universo entero que significa estar conectado con el mundo digital) tiene sus ventajas.
En el mundo de la inmediatez, debo confesar que me rindo ante la incertidumbre de acceder a todo, pero muchas veces termino no eligiendo nada.
El cuaderno, en cambio, requiere la pausa, un tiempo más prolongado. La hojas donde voy a escribir maridan mejor con un libro a su lado, que sirve de fuente de información, de compañía.
La inmediatez del todo, frente a la pausa de lo posible.
