🌲Historias mínimas: Esfinge

A medida que van pasando los años, el tiempo pasa cada vez más rápido. Esto es casi una obviedad para quienes estamos en los cuarenta y tantos. El tiempo avanza implacable y el devenir de la vida cotidiana nos brinda poco espacio para reflexionar sobre él.

Pero el tiempo pasa. Y quizás, los restos arqueológicos son la medida más perfecta para ver como todo pasa.

La Esfinge de Gizeh es quizás, junto a las pirámides, el resto arqueológico más característico del Antiguo Egipto. Con más de 3400 años en su haber, ha visto pasar generaciones, incluso de los mismos egipcios. Para muchos faraones, la Esfinge era un monumento muy antiguo, sepultado entre las arenas del desierto. Misterioso de muchas maneras, pero destinatario del mayor de los respetos.

Y uno de esos devotos era el joven príncipe Tutmosis. Quien sabe que una vez que llegue al poder, debe esforzarse por conservarlo. En épocas donde hermanos, generales y demás personajes cercanos al gobierno siempre ven con buenos ojos colocarse la corona de faraón, obtener legitimidad es fundamental.

Por ese motivo, 2000 años después de su creación, Tutmosis coloca una estela entre los pies de las esfinge, y levanta un pequeño templo ¿Por qué? Bien, en la estela Tutmosis relata que el dios solar se le apareció en un sueño, y que a cambio de prometerle el reinado de Egipto, debe retirar las arenas que cubren la Esfinge, debe desenterrarla del olvido.

Y así fue. Tutmosis descubrió nuevamente la Esfinge. Gobernó durante diez años y le dio un nuevo protagonismo al monumento más fascinante de Egipto.

Y a sus pies, aun continua, desafiando el tiempo, la estela que recuerda los sueños de un antiguo príncipe.

🌲Buenos Aires y sus barrios misteriosos

¿Qué es lo que te gusta del lugar donde vives?


Buenos Aires tiene muchos rincones misteriosos, fascinantes.

El escritor argentino Alejandro Dolina resumió todos esos universos en el Barrio porteño de Flores, aunque también le dedicó su prosa a otros lugares de Buenos Aires, como Parque Chas. A continuación, un breve relato sobre este particular rincón de la ciudad:



Existe en el barrio de Parque Chas una manzana acotada por las calles Berna, Marsella, La Haya y Ginebra.
No es posible dar la vuelta a esa manzana.

Si alguien lo intenta, aparece en cualquier otro lugar del barrio, por más que haya observado el método riguroso de girar siempre a la izquierda o siempre a la derecha.

Muchos investigadores han intentado la experiencia formando grupos numerosos. Los resultados han sido desalentadores.
A veces sucede que el paseante sigue en la misma calle aún después de doblar una esquina.

En 1957, un grupo de exploradores franceses desembocó inexplicablemente en la estación de Villa Urquiza.
Urbanistas catalanes probaron suerte formando dos equipos y partiendo cada uno en dirección opuesta. En cualquier manzana de la ciudad es fatal que los grupos se encuentren en la mitad del recorrido. Pero en este lugar no sucede tal cosa y hasta se han dado casos en que un equipo alcanza al otro por detrás.

Los más pertinaces han realizado excursiones a través de los fondos de las casas, con el resultado de aparecer siempre dejando a sus espaldas calles que no habían cruzado jamás.


En estas experiencias se descubrió que muchos vecinos son incapaces de indicar en qué calle viven.

Asimismo existen casas que no dan a ninguna calle. Sus habitantes se alimentan de sus propios cultivos o de lo que generosamente les pasan por sobre las medianeras.


Los taxistas afirman que ningún camino conduce a la esquina de Ávalos y Cádiz y que por lo tanto es imposible llegar a ese lugar.

En realidad, conviene no acercarse nunca a Parque Chas.

«Historia de la manzana misteriosa de Parque Chas«. En Crónicas del Ángel Gris. Alejandro Dolina.